Gr7 Castellón. Etapa 3. Morella - Ares
Esta etapa, en el día central de la aventura, se podría considerar como la etapa reina de la aventura de ese año. Porque era el día central y sobre todo, por la distancia a recorrer, cercana a los 25 kilómetros.
Como la etapa ya iba a ser durilla de por sí, El grupo hizo una pequeña e inocente trampa. Bajaron el coche hasta el Barri de l’Hostal Nou, así se acortaba la ruta un kilómetro de bajada y a la vuelta, para recoger el el coche, también se ahorraba el tiempo de subir a Morella a por él.
A la salida de Morella desde l'Hostal Nou se pasa por un bonito campo de lavanda. A esas horas de la mañana ya se olía su aroma. Nuestros caminantes estaban en la Dena Segona de Riu, cuya capital es precisamente Hostal Nou.
Una cosa curiosa sobre el término de Morella es que éste se divide geográficamente en denas. El origen de las denas es incierto a causa de la quema del archivo municipal de Morella el 1840. Cada dena tiene un carácter demográfico y agrupa un número indeterminado de masías y villas que permanecen próximas. Tiene una propia capital que sirve de lugar de reunión para los vecinos y para celebrar determinadas festividades.
El término dena (décima) proviene de “diez”, el número de divisiones tradicionales. Actualmente hay 12, al sumarse las parroquias de Herbeset y la Pobleta de Alcolea, que tenían fueros autónomos.
Desde que el grupo empezó a caminar ya se veía el primer collado a subir. De hecho ese collado ya se vio desde la ventana de la casa rural de Morella donde durmieron nuestros caminantes. Visto desde abajo se ve una pared que da cierto respeto. Pero el camino no iba recto para arriba sino que abordaba la subida de lado con lo que la distancia era un poco mayor pero la pendiente menor, cosa que se agradecía. El grupo siguió el gps y se localizaron rápidamente las rayas roja y blanca del GR7 para empezar a seguirlas.
La ruta pasa por Els quatre camins, el Pla del Rel. Baja al Molí Nou, con un original puente que cruza el río Bergantes, ese día seco por ese tramo. Pero cuando llueve, seguro que se tiene que utilizar el puente para pasar.
Pero seguir el gps tiene una ventaja. Igual haces el cabra pero siempre llegas a destino. En este caso Se pasó por el Mas de l’Ombria, en perfectas condiciones y luego, campo a través se consiguió localizar el camino. No fue mucha la pérdida, campo a través solo un cuarto de hora más o menos.
Siguieron el camino encontrado y por fin llegaron arriba del collado con 15 minutos perdidos. Era el kilómetro 2,7 de la ruta. Justo en el collado se cruza el Assagador del Tossal Gros (o de la Mola de la Garumba). Ya habían subido 200 metros desde el río Bergantes.
La ruta seguía por una pista cómoda. Los senderistas seguían pasando por masías. EL GR7 les llevó por el lado de la Granja de Molins y también llegar a la carretera, en el kilómetro 5 de la etapa. Es el Camí de Vega de Moll.
La ruta cruza la carretera y sigue recto, por un azagador lleno de hierba. Sigue siendo el Barranc de la Segureta de la Serra, que no han dejado desde hace rato. El camino se hace muy trabajoso porque no se ve el suelo y las hierbas llegan a más de la cintura. Primero iba Gilbert, que era el que hacía de guía. Cada vez que sus pies encontraban un agujero o alguna problema para pasar, avisaba al resto. De cintura para abajo no se veía nada. Solo se "sentía". A ambos lados de la cañada, al otro lado de los muros, pastaban ovejas que no se esperaban ver tres cabezas avanzando entre las hierbas. Se asustaban y salían corriendo hacia el corral de las masías que tenían cerca. Si pusieran a algunas ovejas a pastar por esa vereda, estaría mucho más limpia y arreglada. Al fin y al cabo no deja de ser una gran ruta y debería estar un poco más despejada. en ese momento estaba totalmente impracticable, con el peligro que supone para tobillos y rodillas si se mete una pierna en un agujero.
El camino casi selvático fue de solo unos dos o trescientos metros. Acababa en unas masías, dueñas de esos terrenos. El Mas del Dolço y el Mas de Garcia. Los Rayitos siguieron el camino y pasaron por el lado sin molestar. En esa zona hay mucha actividad ganadera y las masías están muy vivas.
Como en los días anteriores, nuestros caminantes abren y cierran cancelas del ganado muy a menudo. Es una zona muy humanizada con muchos campos. Trigo, avena, cebada. Muchas vacas y muchas ovejas.
El camino baja levemente buscando un barranco. Cruzan el riu de Calders (estaba seco, seco) y entran en la Dena dels Llivis.
Desde el Riu Calders suben por un azagador hasta un colladito y de ahí siguen hacia abajo. Mucho han bajado ya y se esperaba una subida general de casi 800 metros. Por donde está yendo el grupo es el Assagador de les Candeles.
En medio del camino paran a almorzar. Esta vez era bocata de longanizas con pimientos/tomates del chef Fede. El pan de pueblo era demasiado grande para una boca normal y con una miga superdensa. Se hacía difícil comer. Además la calor empezaba a apretar y el agua era imprescindible para poder pasar el bocata por la garganta. Como he comentado, el sol ya picaba y antes de retomar camino los tres andarines se untaron de protector solar. Eran las 10 y pico de la mañana y estaban ya en el kilómetro 7. Parece que ese día la ruta se haría rápida.
El camino cruza la carretera que lleva a la aldea dels Llivis y nuestros personajes siguen por una pista un poco más cómoda que la senda anterior, al lado del Barranquet del Mas Nou. Siguiendo con la costumbre de encontrarse con cierres de vacas, allí también había unas cuantas. Cerrando una de ellas a Kiko le picó una avispa o similar. No hubo inflamación pero el dolor le duró un par de horas. Parece que en este viaje Kiko tenía imán para alimentar o molestar insectos. Primero fue la garrapata y después esta avispa.
El Barranc del Garro, por el que iban nuestros héroes, se alimentaba, cuando llovía (que no era el caso) por dos pequeños barrancos, el Barranc de Dins y el Barranc de Campello. El grupo, al llegar a la bifurcación, siguió la pista, que iba por el Barranc de Campello. Estaban en el kilómetro 13 de la ruta. y el lugar estaba apartado de toda civilización.
Poco a poco se iba subiendo pero de forma suave. El bosque se acabó y se llegó a una zona alta, que estaba pelada. Allí, en el mismo collado, estaba el Mas de Campello, a 1.000 metros de altura, en lo alto de la cresta de la sierra. El grupo ya andaba por el kilómetro 14,5.
A los pocos metros de la masía la ruta se desvía de la pista y se adentra hacia abajo por un bosque de encinas jóvenes, aparentemente sin camino. En aquellas circunstancias era bastante difícil avanzar porque no se sabía ni cómo ni hacia dónde. El bosque era muy tupido.
La pista, que no estaba mal, pasaba por el Mas de la Pinella. Allí, en medio del camino estaban rumiando un grupo de vacas. Como pasaba casi siempre, los nuestros iban andando y las vacas no se movían. Al final cuando a una vaca blanca gigante casi se le podía tocar los cuernos de lo cerca que estaba, ella se levantó asustada y salió corriendo. Esto provocó que el resto de vacas se separaran también y que los Rayitos tuvieran paso libre. Siempre que pasaba esto era interesante ver la entrepierna de los animales. Si había tetas, buena señal, se apartarían. Pero si había huevos, cuidadito.
Delante de ellos una gran pared explicaba el tema. Había que hacer una subida bastante terrible para llegar al collado por el que tenían que pasar. Ares de Maestre, el destino del grupo, es un pueblo que está muy alto y era evidente que habría que subir. Eso explicaba lo de las 2,5 horas para 5,5 kilómetros.
Kiko y Fede andaban un poco apurados y algo deshidratados. Gilbert andaba sobrado, como de costumbre. El camino era bonito. Era una bucólica senda entre sombras de encinas. Pero, tras casi 20 kilómetros de ruta, cualquier subidita, por pequeña que fuera, estaba un poco envenenada. Aunque para los Rayitos nada era imposible. tres maduritos con evidente sobrepeso (menos Gilbert, cuyo sobrepeso era menos evidente) podían con eso y más. Mucho más. El secreto del senderista es (no se lo digáis a nadie) ir más despacio. Una vez se aprende a comprase una talla más y a caminar un poco más despacio, solo queda ser un poco prudente con la cerveza para tener una vejez feliz.
Sin parar de subir, la ruta pasa por el lado del Mas de Miró, y un poco más alejados, por el Mas de Vidal y por un destruido Mas de Magres. La senda era estrecha pero buena. El único problema eran las fuerzas, que andaban escasas. Muy poco a poco se llegó al collado. Desde lejos se veía el final porque justo en el collado había un gran depósito de agua para incendios construido hacía poco.
Una vez en el collado a nuestros senderistas se les pasaron todos los males, aunque el tema de la hidratación era importante. Se había acabado la subida, se habían acabado las piedras. Ahora se volvía a la civilización. Por una pista de cemento se cambió de vertiente de la sierra. Se comenzó a llanear siguiendo la ladera de la gran montaña que escondía el pueblo de Ares. Ya solo faltaban alrededor de 2 kilómetros para el fin de la ruta.
Subiendo y bajando de forma suave se llegó a la Font dels Regatxols en el Barranc dels Molins que, aunque estaba al lado del pueblo, salvó la vida de nuestros caminantes. Kiko se bebió un litro de agua fresca de un trago y los demás por el estilo.
La llegada a Ares fue en subida pero con la ilusión de llegar casi ni se notó. Al final nuestros Rayitos tuvieron que dar la razón a la paleta indicadora de la que tanto se habían cachondeado. Los últimos 5,5 kilómetros costaron dos fatigosas horas de recorrer.
El coche lo tenían aparcado en la plaza del pueblo. Eran as 14.30, así que, corriendo subieron al coche y fueron hasta el Coll d'Ares a comer al restaurante que está allí. Muy bien por cierto. Ensalada y churrasco, todo regado con grandes cantidades de cerveza y vino con gaseosa.
Una vez comidos e hidratados tocaba cambiar de sede de operaciones. Como hemos comentado al principio, ese día dejaban de dormir en Morella, donde habían pasado tres noches, para dormir en Culla, donde estarían las dos siguientes. Con el coche que tenían en Ares fueron hasta Morella para recoger el otro vehículo y, ya con los dos coches, fueron para Culla.
En Culla se alojaron en Casa Lino, una casa rural que estaba muy bien. Descansaron un rato y fueron a tomar un refrigerio a una terraza que hay arriba, al castillo, con unas vistas impresionantes. La caminata de la mañana aun les dejó fuerzas para subir unas cuestas con premio en forma de cerveza. Serían unos 250 metros con 60 metros de desnivel. Mucha cuesta en poco trozo. Está tan empinado que los vecinos de Culla suben allí en coche, no digo más. Allí arriba, único bar que abría ese día, quedaron con familiares de Kiko que vivían en el pueblo y con los que compartieron sus experiencias y recuerdos de viejos tiempos.
Luego prontito a casa a cenar un poco de pasta del Chef Fede y a dormir. Había que recuperarse del esfuerzo del día para afrontar con ganas la etapa del día siguiente.
La etapa de Morella a Ares fue larga y durilla, sobre todo el final, casi por lo inesperado y por el calor. Fueron 23,71 kilómetros con 746 metros de desnivel. Todo ello recorrido en 7 largas horas. Estuvo bien. Con zonas muy humanizadas y zonas muy salvajes, nuestros Rayitos lo pasaron bien.
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