Gr7 Castellón. Etapa 5. Culla - Vistabella


La ruta de hoy era pesadita. Va de Culla, un pueblo alto a otro pueblo aún más alto, Vistabella. Como siempre hay algún handicap, el de esta vez es que hay que salvar un gran desnivel que se llama Riu Monlleó, que está entre un pueblo y el otro. Primero se desciende desde los casi 1.100 metros de altura que tiene Culla hasta los 550 metros del lecho del Riu Monlleó para después enfilarse hacia arriba hasta llegar a los 1.200 y pico metros de Vistabella. Todo un súper tobogán gigante. eran poco más de 18 kilómetros con 821 metros de desnivel.


Este era el último día de la aventura de ese año para nuestros Rayitos. Era viernes y, como todos los días, a las 6 de la mañana sonaron los despertadores. El chef Fede se levantó para hacer los bocatas del almuerzo para Gilbert y Kiko. Tras cuatro días de marcha, Fede tenía fastidiados pies y tobillos y no pudo hacer la etapa. Pero como apoyo logístico resultó fundamental.

Como ese día no había logística inicial de coches (el inicio de la ruta era el mismo que el sitio de dormir), se comenzó a caminar una hora antes de lo normal, a las 7 de la mañana. Hacía bastante fresquito para ser final de junio.

La ruta coincide en gran medida con la romería que desde hace más de 600 años lleva a los habitantes de Culla a Sant Joan de Penyagolosa. Esta peregrinación forma parte del proyecto Camins del Penyagolosa, que ha solicitado ser considerada como patrimonio de la humanidad por la UNESCO. La romería se había hecho hacía un par de semanas, alrededor del Corpus Christi, como todos los años.

Con el fresquito de la mañana, llaneando y cuesta abajo, la ruta se veía fácil.

La ruta sale de Culla hacía el sur por una pista hacia el Mas de Vilella y enseguida se coge una senda que cruza el Barranc de Santa Maria para llegar a la pista del Mal Passet, en el kilómetro 1,2 de la etapa.

Esta pista rodea la Roca del Corb, donde últimamente se veían cabras (pero esta vez no), baja y llanea hasta que en el km. 2,9 la ruta, donde se desvía a la izquierda por una senda, el Camí de Vistabella. Ahora, por senda, la ruta se hace más amena. El descenso ya es pronunciado. Hay que bajar muchos metros.


Ya en plena bajada y con el Riu Monlleó al fondo, se pasa por el Mas de l’Alar, donde nuestra pareja se encuentra con un forestal con un tabardo para la nieve, unos guantes y unos prismáticos colgados al cuello. Los nuestros iban en manga corta. Hacía un poco de fresca pero ni de coña esta fresca era suficiente como para llevar el abrigo que tapaba al forestal. Si era tan friolero, habría sido curioso ver a este hombre en pleno invierno. ¡Lo que llevaría puesto!.

El forestal comentaba que había bastantes animales por la zona, sobre todo cabras. Que la romería de Culla a Sant Joan de Penyagolosa había desplazado las cabras un poco más al norte, y que todavía no habían vuelto. Los animales son muy sensibles a la presencia humana, por razones obvias. Cuando hay una pequeña invasión, como en este caso fue la romería donde 100 personas colapsaron ese camino y “molestaron” con sus cantos y penitencias, es normal que los animales se fueran durante un tiempo para volver cuando se aseguraran que todo estaba tranquilo otra vez. 

En el kilómetro 5 dejaron a un lado la font del Molinar y se dispusieron a cruzar el Riu Monlleó, ahora seco, como casi siempre. Desde el lecho del Monlleó, se podía intuir la fuerza de las aguas cuando llueve por la zona. Piedras blancas y el alto de las marcas de agua en los muros de las paredes atestiguaban la fuerza de la corriente.

Cruzaron el río. No se oía ni una mosca. La zona estaba totalmente aislada y seguro que habría cambiado poco desde hacía varios miles de años. Nuestros Rayitos miraron hacia arriba la ladera de la montaña. Ahora comenzaba la gran subida. Eran 3 km de fuerte ascenso para después calmarse un poco, pero no del todo.

Kiko y Gilbert tenían un pacto desde el día anterior. Como el primero iba mucho más falto de fuerzas que el segundo, tenían pactado que en los tramos de esfuerzo, Kiko fuera delante y Gilbert detrás. Así conseguían que el grupo de dos estuviera unido y Gilbert no le apretaba más de la cuenta. La subida era muy empinada y muy poco a poco fueron ascendiendo sin prisa pero de forma constante, sin paraditas. Cuando se dieron cuenta, el río estaba allá abajo. Estaban adelantando bastante.


Cuando ya parecía que las fuerzas iban a abandonar a nuestros caminantes, llegaron a un pequeño prado, Les Ginebres del Mas de Campos, lugar habitual de descanso para los peregrinos de Sant Joan de Penyagolosa. Nuestros senderistas imitaron a los romeros. 600 años de experiencia decían que allí había que parar. Unos minutos les bastó para recuperar el aliento. Eran las 9.20 de la mañana y estaban en el kilómetro 7 de la ruta. Todavía era pronto para almorzar. 

Este prado marca el “casi final” de la ascensión desde el Riu Monlleó. Todavía quedaban unos cientos de metros. En la sen
da que marca el final del al subida empinada, no se sabe si por indicación del “ingeniero” que controla la senda o por idea de algún iluminado, el camino se refuerza con remiendos de cemento que no ayudan a dar ese perfil salvaje, natural o rústico de este sendero lleno de historia. Quizá fuera necesario, aunque desde aquí pensamos que lo del cemento es difícil de justificar.


Cuando acaba este tramo un poco hormigonado, la senda se convierte en pista y el tema ya es más llevadero. Es la Pista del Boí. El camino, por razón de antigüedad, siempre se viene llamando el Camí de Culla, pero cada tramo tiene su propio nombre. La pista que nuestros senderistas acaban de abordar está perfecta y se utiliza para acceso a las masías del lugar y por los forestales que controlan el terreno.

Se acaba la pendiente extrema y se pasa a una subida asumible y asequible. Los senderistas pasan por el Mas Cremat, prácticamente destruido y por el Mas de Capote, en muy buenas condiciones, con huerta, animales y coches aparcados. Al fondo ya se veía Sant Bartomeu, el siguiente objetivo.

En esta ruta hay pocas porteras para el ganado pero todavía tienes que abrir y cerrar alguna. Había una muy grande en medio de la pista. Cuando pasaría algún coche, el conductor tendría que bajar, abrirla y, después de pasar, cerrarla. Nuestros senderistas hicieron lo propio.

En el Km. 11 se llega a Sant Bartomeu, ermita importante en el camí dels pelegrins de Culla a Sant Joan de Penyagolosa. Allí es donde la romería descansa para almorzar, se celebra una misa dentro de la ermita y se come la famosa “sopa de caps”.

La sopa de caps es un reconstituyente casero, rápido y eficaz para los romeros. Su nombre se debe a lo que se ve en el fondo de la cazuela cuando se está haciendo la sopa.

Receta: Sopa de caps:

Se coge una olla y se llena de agua. Se pone al fuego. Cuando el agua está caliente la sopa ya está hecha. Se llama de caps por la gente que se asoma a ver la sopa ve su cabeza (el seu cap) en el fondo de la olla.

El complemento alimenticio viene después. Cuando te dan el agua hirviendo en un cacito, también te dan un huevo crudo, un chusco de pan y un poco de sal y aceite. Se abre el huevo en el agua y se remueve para que se cuaje un poco, después va el pan para hacer sopas, el aceite y la sal. El resultado es buenísimo, sobre todo después de 11 kilómetros de rogativa cantado y haciendo responsos.

La zona pertenece al término municipal de Vistabella pero tanto la ermita de Sant Bartomeu como el castillo de Boi (un poco más arriba, en lo alto de la peña) formaban un poblado independiente de Vistabella hasta que se anexionó a esta en 1405

Como cuenta la web, en el Boí encontramos la ermita de Sant Bartomeu, segundo Patrón de Vistabella. Se trata de una de las primeras iglesias góticas valencianas. Es un templo de una sola nave, cubierta con una serie de arcos diafragma que sostienen una estructura de madera, típica de la época de la reconquista, en el s. XIV. Tiene un espléndido suelo de losas, pórtico frontal y una espadaña bastante elevada. La cubierta es de teja roja.

El caserío que la circunda está hoy abandonado.

Sobre la muela a los pies de la cual se encuentra el poblado, se hallan los restos del castillo del Boi, que fue una antigua fortificación musulmana, un castillo roquero colgado sobre paredones verticales de piedra en un estrecho paso. Estratégicamente situado, debió ser un puesto avanzado de defensa, un edificio impresionante, de tamaño medio, con tres o cuatro torres elevadas fundidas con las piedras del precipicio.

En la actualidad se halla en ruinas, aunque conserva numerosos restos: lienzos de muralla, elementos de todas sus torres y distintos recintos y espacios interiores. Además, desde él podremos observar unas excelentes vistas del valle del río Montlleó, con Culla al otro lado.


Al llegar a la zona, nuestros Rayitos también tenían hambre. Eran las 10.15 y la caminata hacía necesario reponer fuerzas. Tras hacer unas cuantas fotos y comerse el bocata que les había preparado el chef Fede antes de salir de Culla, la pareja de senderistas siguió su camino. En teoría ahora la subida era más suave pero, como comprobarían después, seguía siendo una señora subida. Ahora estaban a 1000 metros de altitud y tenían que llegar a los 1.200 después de subir y bajar varias veces.

A la salida de Sant Bertomeu se deja la pista y se sigue una senda al pie de un “peiró”. Si no se conoce la ruta no es fácil encontrar las rayas roja y negra que marcan el GR7. Siguiendo la senda, Gilbert, que normalmente tiene bastante respeto a las alturas intuye por donde va la senda y que el único camino posible pasa por una sendita que va por encima de un gran precipicio (la Roca del Ferrer) a cuyo fondo, el Barranc de l’Aigua, es posible que no haya llegado todavía el ser humano. Se comenta el tema y un gusanillo recorre la barriga de nuestros caminantes. El camino va bordeando un precipicio y en lo que parece la zona más peligrosa hay unas cuerdas “quitamiedos” para que los peregrinos no caigan al vacío. Estas cuerdas son casi más un “ponemiedos” que un “quitamiedos” porque tras un despiste no valdrían para mucho. De todas maneras el camino es suficientemente ancho para que una persona normal no sufra al pasar. El porqué de esas cuerdas quizá sea más por la tranquilidad que da a la vista tener una separación con el precipicio que por el peligro de caer en él.


Pasan por el Mas de La Coixa, y el Mas de Baix, el primero cultivado y arreglado, pero sin gente visible. Poco a poco nuestros héroes siguen subiendo hasta el collado del Boi, donde está el Mas del Collado, en el kilómetro 13,5 de la etapa. Aquí se separa la gran vall del Monlleó del Pla de Vistabella.

Nuestros caminantes se equivocan un poco con el track pero, cuando se dan cuenta, casi vale más la pena seguir por donde iban equivocados que dar marcha atrás, ya que ambos caminos (el equivocado y el original) iban al mismo sitio. Fueron no más de 300 metros que se añadieron a la ruta de forma fortuita. Un regalito para el track.

Ya en el pla de Vistabella el GR7 se separa del camí dels pelegrins. La ruta de nuestros caminantes es una senda más al este de la carretera, que es por donde va la romería. Los nuestros van a Vistabella y el camino de los preregrinos va a Sant Joan de Penyagolosa. 

Hacía bastante calor y el paisaje cambia favorecía también este calor. Del frondoso bosque el la Vall del Monlleó se pasa a un paisaje pelado del Pla de Vistabella. Aun con tanta calor, los caminantes podían sentir el aire helado que correría por allí en los meses de invierno.


Mirando al fondo, se veía el aeródromo forestal de Vistabella, construido en la Guerra Civil. 

La construcción de este campo de aviación se produjo en una temprana etapa de la guerra. El 27 de julio de 1936, según un documento conservado en el archivo local de Vistabella, se requieren 250 hombres para los trabajos de construcción del aeródromo. La función del aeródromo en estos primeros meses de contienda sería escasa puesto que, hasta el inicio de la Ofensiva de Teruel, apenas tendría movimientos. Una vez iniciada la batalla, el campo serviría para apoyar y logística en el frente. El 12 de mayo de 1938 el aeródromo fue evacuado, debido a la amenaza que suponía para su seguridad el adelanto de las tropas rebeldes hacia Iglesuela del Cid y Mosqueruela.

Gilbert y Kiko ya están cerca del fin de la etapa. Unos poquitos kilómetros más con algo de subida y ya se llega a Vistabella. Pasan por el Mas de la Torreta. Un poco a la izquierda dejan el gran Mas de Salvador.

La ruta deja la pista para adentrarse por una pequeña senda que despista momentáneamente a los Rayitos. En seguida el gps les guía y reencuentran el camino correcto. 

Siguen por un azagador a los pies del Mas Vell y del Mas de Mossèn Joan, rehabilitado y hasta con antena de televisión. aquí ya se ve más presencia humana y civilización. Estan muy cerquita de Vistablemma pero no la ven. Andan por el kilómetro 16,5.

El camino sigue subiendo con lo que se les requiere un pequeño esfuerzo adicional a nuestros héroes. Pasan por la Font de la Randera, con cultivos y huerta. y siguen para arriba.


Los últimos 300 metros son como los de la entrada a Culla. Se trata de una supersubida hormigonada. Como era poca distancia pudo más la ilusión por llegar que la falta de aire y piernas por el esfuerzo, así que nadie se quejó. pero el fin de fiesta hizo que la pareja buscara aire para respirar.


Por fin llegaron a destino. Era pronto, las 13.45. Los 18 kilómetros largos se hicieron en menos de 6 horas, con parada de almuerzo incluida. Para lo abuelos y cascados que andaban los nuestros (Gilbert estaba hecho un chaval, pero algo de carga llevaría en las piernas tras 5 días de marcha), no estaba nada mal. 

Allí estaba el logístico Fede sonriendo con el coche de apoyo esperando.

Prácticamente sin recuperar el resuello se cargaron las mochilas en el coche y corriendo se fueron a Culla a recoger el otro coche. Allí se hidrataron un poco (no habían bebido nada desde que llegaron a Vistabella) y bajaron para casa, comiendo por el camino. Con esto se dio fin a la gran aventura del 2022 de los Rayitos, el tramo norte del GR7 por la provincia de Castellón.

Los cinco grandes días de excursión llevaron a los Rayitos desde Fredes a Vistabella, a través de casi 100 kilómetros de montañas duras, agrestes y fascinantes. Ahora tocaba esperar un año para seguir con la aventura, la parte sur del GR7, que les llevaría de Vistabella a Bejís, final de la gran ruta en la província.

Todo salió más o menos como estaba previsto. Se anduvo bien, se comió bien y se durmió bien. No pasó nada grave y no se perdieron demasiado. Un éxito total.


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